El problema es el siguiente:
Tenemos un contrato de trabajo
muy reciente, y evidentemente no disponemos de las 3 últimas nóminas que piden
para poder presentar la candidatura a alquilar un piso con una inmobiliaria. En
esa candidatura, se presentan “tropecientasmil” personas más.
Ya no buscamos ni zonas que nos
gusten, ni tamaños, casi que no nos importa ni el precio. No podemos elegir.
La única solución es buscar un
particular (que no exigen tantas historias), pero de eso hay a cuentagotas y “vuelan”
en un abrir y cerrar de ojos. Compatibilizar el trabajo con la búsqueda es casi
imposible.
Estamos buscando en Francia por
precio, y no nos importa tener que hacer muchos kilómetros hasta el trabajo.
Es muy agobiante ir a trabajar
teniendo la cabeza en ésto, pero es una barrera más, que Dios (que debe ser
Suizo) nos ha puesto en el camino. Predicando con el ejemplo no nos rendimos,
pero la cuesta arriba empieza a convertirse en una pared vertical, que mina
nuestros ánimos. Ahora ya no es como al principio, hay una niña pequeña y la responsabilidad se multiplica exponencialmente...
En tres tiempos se divide la
vida, presente, pasado y futuro. De éstos, el presente es brevísimo, el futuro
dudoso y el pasado es cierto (Lucio Anneo Séneca).
El post de hoy lo dedicamos al
San Alquilerino, patrón de los alquileres de apartamentos baratos en Francia y
Suiza, para que se apiade de nosotros y nos quite esa piedra que tenemos en el
camino.


